Con la llegada del frío aparece la duda de siempre: ¿apagar y encender la calefacción o mantenerla a una temperatura constante? La respuesta práctica combina termodinámica y sentido común doméstico para que la factura no se dispare.
¿Apagar la calefacción o dejarla al mínimo? Recomendaciones del IDAE
El Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía recomienda ajustar el encendido al horario de ocupación y apagarla por la noche, manteniendo para dormir entre 15 y 17 ºC. También sugiere regular el termostato en torno a 20-21 ºC en las horas de actividad y usar ropa de abrigo en casa.
Cabe recordar un dato clave: cada grado adicional supone aproximadamente un 7% más de consumo. Programar el encendido y apagarla en ausencias largas es, ni más ni menos, la base del ahorro.
La inercia térmica y el coste real de mantenerla encendida
Una vivienda no pierde calor de golpe: la inercia térmica hace que el descenso sea gradual y depende del aislamiento. En pisos bien aislados, dejarla al mínimo supone un goteo continuo de consumo que, a la larga, resulta más caro que apagar y volver a calentar.
La Organización de Consumidores (OCU) estima gastos muy distintos según la tecnología: por ejemplo, 158 € al año para una bomba de calor aire-aire frente a 778 € para caldera de gasóleo en un hogar tipo. Esa diferencia cambia la estrategia doméstica.
Cuándo sí merece la pena dejarla al mínimo
Existen excepciones: si la ausencia es corta (menos de 4-5 horas), la casa no se enfría lo suficiente y apagar no compensa. También en viviendas con muy mal aislamiento o en zonas muy húmedas donde mantener 15-16 ºC evita condensaciones y problemas mayores.
La solución real a largo plazo para esas casas es mejorar el aislamiento: cambiar ventanas, sellar juntas y añadir aislamiento en techos o muros. Es inversión, pero evita pagar por repetir picos de energía.
Estrategias prácticas y trucos de una gobernanta experimentada
La experiencia de más de veinte años en hoteles y residencias enseña trucos simples que funcionan en cualquier casa: programar un termostato para encenderlo una hora antes de llegar, purgar radiadores al inicio de temporada y nunca cubrirlos.
Un termostato programable puede ahorrar entre 8% y 13%. Cerrar puertas de habitaciones sin uso, bajar persianas por la noche y usar alfombras ayuda a aprovechar la inercia térmica.
Extra: si piensas en renovación, considera bombas de calor o biomasa: son las opciones más económicas y sostenibles hoy. Y un consejo práctico final: apagar en ausencias largas y programar el retorno—ni más ni menos lo que ahorra de verdad.